7.5.08

El yonqui y su dealer

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El amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y el amado y cada uno de ellos proviene de dos regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir.

Carson McCullers, La balada del café triste


Y el dealer, harto de servir a la comunidad, decidió chutarse la drogaína que llevaba para su yonqui, hasta que se le acabó la mercancía. Hay que joderse, yonqui, ahora te toca a ti recorrer los puertos francos, las casa baratas, los chalés de lujo, los montes del maqui, las selvas fronterizas, las calles de Nápoles, las rías de Vigo y los barriosmiseria de Medellín. A-ho-ra-te-to-ca-a-ti-a-mar-me-a-mí.

Y el dealer se quedó ahí tirado, en una esquina de meados, con su caballo y con su mono asilvestrados. Hay que joderse, dealer.

3.5.08

Los miserables

Se alegró de haber nacido justo el mismo día, pero de un año más tarde, en que Gary Thuerk envió el primer spam de la historia, hoy hace exactamente treinta años. Él ya tiene veintinueve. Hoy se siente especialmente miserable, especialmente solo. Va a beber y a fumar toda la noche, lejos de todos. Un mensaje spam que viaja anárquicamente por el hiperespacio hasta colisionar contra un muro de indignación e incomprensión, sin que nadie se fije en su poesía:

29.4.08

Platón era un imbécil

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Aquellos ojos verdes, Nat King Cole
B.S.O. In the mood for love, 2000


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Tuvo un sueño revelador y se puso en marcha. La encontró tras ocho años de ausencia y unos cuantos milagros. Ella. Con el tiempo cada vez más bella y más lejos. Llegó en un taxi de color negro, y él bajó poco a poco los escalones del hotel y se abrazaron en la ciudad extraña. Ambos se emocionaron. Notó que sus pechos no eran tan voluptuosos como antaño, notó su cuerpo más delgado, notó su corazón triste detrás de esa mirada calmada. Qué le debe haber pasado.

Tantos años de frágil equilibrio, para no volverse loco, tantos años de caminar para olvidarla. Para qué. Vuelve a ser el adolescente imbécil que cree en el amor. Imbécil. Pasean por las calles de la noche y el viento helado, se cuentan y se inventan a cada paso. Recuerdan eso que nunca fueron. Él piensa en la alegría del milagro de volver a escuchar su extraño acento y en la convicción profunda de que nunca ha sido, ni es, ni será suya. Siempre de los demás. Siente un dolor agudo que mezcla con una sonrisa triste y con un barrer el horizonte como si supiera algo que nadie más sabe. Los perros apaleados ya no se quejan ni se lamen. Esto no va a ninguna parte. Nunca hicieron el amor y no lo harán nunca. Sus ojos verdes dicen verdades y mentiras que él es incapaz de discernir. Dicen: No haremos nunca el amor porque poco vales para mí. O. No haremos nunca el amor porque hacerlo sería romper un doloroso hechizo que ya dura, atención, más de quince años. Nunca dijo que le quisiera.

No puede escribir más. Por favor, que alguien le saque de aquí.

26.3.08

Queremos parecer lo que decimos, aunque no sea exactamente lo que pensamos. Tal vez nos gustaría ser como aparentamos ser. Tal vez aparentamos ser mejores de lo que somos. En cualquier caso, sin la posibilidad de aparentar ser distintos de lo que somos, sólo seríamos mediocres.

[...] Si he inflingido tanto daño como he sufrido, todo está bien, vivo en un cosmos de armonía y justicia pura. Si he inflingido más daño del que he recibido, entonces debo ser un ser de lo más cruel, o el mundo debe ser un manicomio maligno.

Martin Walser.

13.3.08

Tuberías marinas

Esta mañana. En la ducha. El agua estancada al nivel de mis tobillos. Acurrucado en posición fetal, bajo el agua a presión. En mi semi-inconsciencia matutina, me imagino a bordo de un ballenero en serios apuros, una tormenta brutal, el agua filtrándose en las bodegas, los ojos aterrorizados de un marino, achicando desesperadamente el agua con las manos, con un desatascador, coge el desatascador, marino, cógelo, y yo lo cojo, rayos de agua apuntando a mis ojos, agua entrando por la nariz, por las orejas, ¡infierno helado, infierno helado! Acerco el desatascador al desagüe, lo percuto, lo meneo buscando hacer el vacío, y de repente el agujero negro escupe pelos de mujer, pelos de ella, matojo de cabellos color azabache, impregnados de semen y mocos y agua sucia, asquerosos. ¿Dónde está ella?, chillo en pleno temporal, contra la nada, ¿dónde estás? ¿Acaso tu cadáver está obturando las tuberías? Tu cuerpo descompuesto que surge de las profundidades de la mar, de lo más oscuro de las tuberías...

Cierro el grifo de inmediato, asustado. Me seco. Miro con desdén la bañera atascada. Me visto. Salgo de mi naufragio. Hoy puede ser un gran día.

11.3.08

Doméstica

Anoché cociné patatas con judías tiernas. Las dejé reposar en el coladero, mientras esperaba que se disipase la neblina londinense que emanaba del mejunje. Decidí reposar en el sofá. Exploré canales inconocidos en la televisión. Más tarde decidí que en lugar de ingerir alimentos me iría mejor un trago, concretamente un whisky con cocacola. Para tal operación necesitaba el tubo que robé en ese pub asqueroso. Cuando recibo un trato injusto por parte de los meseros, suelo vengarme robándoles ceniceros o tubos de cubata. Así que me dirigí de nuevo a la cocina y abrí el armario que queda justo encima del fregadero, buscando el tubo que albergaría hielo, whisky barato y cocacola. De manera fortuita el vaso chocó contra el borde de la estantería y explotó en mil pedazos sobre mis patatas con judías tiernas y frías. Mil partículas brillantes de cristal envenenaban el manjar, pero me dio lo mismo, y busqué el tubo que robé en otro pub asqueroso. Bebí y exploré más canales televisivos fantasma. Algún día hablaré más extensamente sobre la increíble sensación de soledad que se manifiesta explorando canales de televisión.

Hoy me sentía más hambriento que ayer y he recordado mis patatas con judías tiernas y frías sembradas de átomos cortantes de cristal. Con sumo cuidado he ido aplastando las patatas y las judías contra el plato, agudizando los sentidos de la vista y el oído. Buscaba átomos cortantes. He encontrado unos cuantos, pero nadie juraría que no hubiera más. Minas antipersona, los cristales diminutos. Pero ojos que no ven corazón que no siente y he planificado una bonita operación de distracción consistente en aplicar grandes cantidades de mayonesa sobre el pastiche verdiblanco. He comido inquieto.

Ya en mi puesto de trabajo, he empezado a notar pequeñas molestias en mi garganta. He estado pensando toda la tarde que pequeñas partículas de cristal arañaban mi sistema digestivo empezando por los conductos que trasportan el alimento hacia el estómago. He imaginado una sala de operaciones y una luz inmensa sobre mí, he pensado en traqueotomías y malestares abdominales, en perforaciones intestinales. También he pensado en la sensación de masticar muelas.

Pero para bien o para mal, aquí estoy, sigo vivo. Hasta cuándo, no se sabe. Gracias.


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Beer Can, Beck
Mellow Gold, 1994

5.3.08

Las Muchas Verdades

Hay más pero da igual. He llegado a la conclusión que escribir sobre el tema que nos ocupa no ayudaría en nada al buen devenir de las cosas. Es más, la literatura en estos casos es del todo nociva, peligrosísima. Porque te hace absolutamente poderoso, te convierte en un asesino implacable y desquiciado. En un tirano de la Razón Pura que de él emana. La realidad es bastante más aburrida y miserable. Sin fulgor. Un plano mental sembrado de derrotas y capitulaciones, de verdades ajenas. Hay más pero da igual. No les voy aburrir con estas Verdades. Todos tenemos nuestras vidas absolutamente lamentables, repetidas hasta la náusea. Ya nos entendemos. No hay más.


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Bed's too big without you, The Police
Crimewatch April 28, 1980. Newcastle.

18.2.08

Nosotros

Luchamos. Luchamos codo con codo contra la adversidad. Nadamos y nos hundimos y nos agenciamos un pedazo de madera salvadora. Observamos nuestro naufragio y nos miramos. El futuro es incierto, y el final siempre cercano. Las olas de once metros nos saludan y colisionan sobre nosotros. A lo lejos, un halo de luz turbia resplandece en la mar. Hacia allí. Vayamos.

14.2.08

Serguey

Tengo dos libros fotocopiados en versión inglesa en mi mesa. Si consigo publicarlos, que lo conseguiré, estaré tan orgulloso, tan feliz. El primero de ellos no se ha editado nunca en este país, ni en la lengua A ni en la lengua B.
Las primeras pàginas son sencillamente extraordinarias. Me placería traducirlas y colgarlas al blog famoso, pero no. Debo ser precavido, silencioso, amigo de las sombras, un personaje triste y gris. Eso soy. Además no he firmado aún el contrato. Tendré que negociarlo, porque sus condiciones invitan a hacerlo. Sé que voy a perder dinero, incluso mucho dinero. Pero necesito publicar a ese tipo.

Desde hace un mes, tengo la sensación de haber llorado todo el rato. La cara reseca, esa paz patética, la terrible tristeza, la apatía feliz. Triste me siento bien, carajo. La tristeza me encierra en un caparazón calentito calentito, el zumbido del silencio absoluto al que estoy más que acostumbrado. Es un silencio placentario o submarino. A veces me olvido de este extraño duelo gratuito y sin sentido que vivo, y socializo con otras personas. Eso está bien. Sin embargo, me revienta no poder escribir. El blog famoso languidece, es un cadáver, ha perdido todo sentido. Creo que debería abandonarlo a su suerte, como un barco sin tripulación y sin rumbo. Pero aún no estoy seguro de ello. Si lo abandonara, tendría que enfrentarme a la página en blanco y empezar a escribir como un auténtico escritor. Me falta tiempo y me sobra pánico.

12.2.08

Jacobo Hernández de Val

Exactamente dos semanas después de que Estrada eyaculara en el suelo de su oficina, Jacobo Hernández de Val rastreaba una conocida página de pornografía gratuita desde la comodidad de un despacho forrado de maderas nobles y diplomas acreditativos. Llamó de inmediato a su secretaria por el intercomunicador. Siéntese aquí. Frente al ordenador y frente a su secretaria, Hernández se agarró el miembro y se lo torció y se lo estiró y se lo torció. Un chapoteo rítmico, íntimo, su mirada acuosa. El silencio.

Secretaria aguardaba en silencio y mantenía un aire de seriedad, como quien escribe al dictado cualquier memorándum. Se sentía también excitada, pero guardaba las formas. El pecho le palpitaba. Lubricaba de manera salvaje, como cuando era una adolescente. Implacable deseo y silencio pétreo.

Al explotar Estrada contra el suelo de su oficina en el vídeo, explotó también Hernández contra la maqueta. Secretaria entonces extrajo un pañuelo de papel de una cajita de plata y frotó el suelo. Luego sin decir nada se retiró.

Dejó a Hernández mirando fijamente por las ventanas del edificio. La ciudad. Su luz. Su poder. Su vida. Su soledad. Su ira. Estrada en un vídeo pornográfico, la mujer de Estrada sentada ante él. Su secreto. Un bostezo.

7.2.08

Caracol Estrada

Raimundo José Estrada Llopis no entiende la propensión que tienen sus compañeros de oficina a contarle sus problemas. ¿Tiene acaso cara de querer escuchar sus problemas? ¿Tiene cara de querer o saber resolverlos? No. Estrada Llopis siempre hace hum, hum, y en fin, para dar a entender a su interlocutor que no está interesado, pero nunca ocurre que el otro se dé por aludido. Deben de estar tontos. Estrada Llopis valora mucho el estar solo. Acostumbrado como está a que los problemas de los demás le entren por una oreja y le salgan por la otra, y porque valora mucho la ecuanimidad, cuando se explica a si mismo sus problemas los ignora con la misma facilidad. Y eso es lo más cerca de la felicidad que Estrada Llopis quiere estar. Ni más ni menos. Ha aprendido a estar en harmonía con sus problemas, ahí, quietecitos. No os preocupéis, no os voy a hacer desaparecer. Quietos paraos. Ahí.

No me acostumbraré nunca a los huracanes

Días de inmensa apatía, indiferencia, tristeza. Noches preñadas de aburrimiento.

Caminar lentamente.

31.1.08

Raimundo José Estrada Llopis

tuvo una sucesión de pensamientos fascinantes y se masturbó en la soledad de la oficina de trabajo. Eyaculó sobre el suelo pesadamente. Emitió un pequeño gritito. Luego le sobrevino la certeza de que una cámara instalada entre los archivadores había estado grabando su percutir autoérotico y sintió un pánico moderado. Los ordenadores emitían zumbidos, los tubos fluorescentes centelleban. Se abrochó con pudor y volvió a su puesto de trabajo, donde intentó cuadrar el balance de la cuenta de clientes pendientes de pago. Sin novedad en el frente.

25.1.08

Lo que puede dar de sí un día

[...] temor a la libertad, temor a estar siendo otro, temor a estar siendo demasiado uno mismo (y estar vacío), temor a la locura de los demás, temor a la propia locura, temor a la carne, temor a la paranoia, temor al temor, temor a la falta de temores (el mal presagio), temor al temor de los demás, temor al dolor ajeno que pudiera volverse propio, temor de que la vida no se parezca a nada (porque es todo, y lo idéntico que es todo a todo), miedo a ser, miedo a dejar de ser, temor al pasado agotado y, aún mayor, temor al pasado inagotable, a los secretos de familia, a los propios secretos, a lo que puede dar de sí un día.

Francisco Casavella, Los juegos feroces.

19.1.08

La derrota


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Tom Waits, Red Shoes
Blue Valentine, 1978




Su locura... esta tarde me ha venido una palabra mejor... cuál era... piensa, piensa, piensa... jajajaja... no me acuerdo, maldita sea, no me acuerdo... su, su, su, su qué... ¡¡¡DELIRIO!!! ¡Su delirio! Sus putos delirios. Habla en monosílabos, repite una idea, un concepto, su mirada perdida, voy a la frutería, voy a la frutería, voy a la frutería. Bueno, pues vete a la puta frutería. Compra muchaaaas frutas. ¡Todas las frutas del mundo, todas las frutas del viejo mundo, del nuevo mundo, cómprale al paquistaní la tienda entera, sumérgete entre uvas, mangos, plátanos gigantes medio podridos, asalta el negocio a mano armada! ¡Me cago en la virgen puta! ¡Me cago en mi vida!

Se mece en el sofá y murmura tienda... de... frutas... frutería... y entonces, yo, derrotado, dejo mis esfuerzos de ser humano y civilizado, y exploro las posibilidades de nuestro mueble bar. Elijo el vodka a media tarde. Muda y repetitiva como está, olvidará supongo sus sermones y me dejará beber tranquilo. Así es. Vodka tras otro, sumamente triste, derrotado por su DELIRIO, me entrego a Baco. Su inerte estado de ánimo me imposibilita para escribir en el Blog Famoso, pero nunca me va a imposibilitar para darle al puto vodka y para darle al puto Vendepatrias, venga, dale, dale, dale, maldita sea tu suerte, hijoputa, dale, dale. Jejeejeje, ayer, su puta locura y sus delirios la hicieron saltar del metro al último segundo, intentado así dejarme tirado en el vagón. No lo consiguió, puesto que yo salté tras ella a´n no sé cómo, como un actor norteamericano. ¡Qué coño haces! Me dirije una mirada de desprecio y de que te jodan. Nada del otro mundo. Hubo otra antes de ella que un día me escupió a modo de despedida. Hijaputa miserable. Así que ya estoy curado de espantos. Bueno, el caso es que me dijo que me iba a acompañar mi puta madre, y ya desaparecía por un oscuro tunel subterráneo cuando suspiro y grito con que llaves vas a abrir, joder, que siempre te dejas tus putas llaves en casa y le lanzo mis llaves y se larga y yo espero el próximo metro y una vez en el centro llamo a un colega que me dice que me llama en un minuto, minuto que aprovecho para acercarme a su casa y luego me vuelve a llamar y le digo que estoy debajo de su casa y me dice que vale que ahora baja, y baja y vamos a hacer unas copas y me cuenta que le pillo en medio de una discusión con su novia y sonrío y digo mira qué bien. Bebemos y nos despedimos. Sube a su casa como una oveja se dirige sumisa a su matadero y yo vago un poco por las calles y me vuelvo al mío. Bah.

Pero eso fue ayer. Hoy, ahora, aborrezco el vodka y tiro de orujo clandestino. Ha escondido los vasitos, pero no me amilano y pillo una taza de café, y venga dale al orujo, y venga dale a la tristeza, y venga el no comprender nada, y venga querer escribir y no saber cómo hacerlo, y venga enviar mails laudatorios a escritores que me cierran sus puertas, ávidos de dinero y fama, que os den por el culo, escritores famosos, y miro por la ventana y no veo nada. Y fumo.

16.1.08

Edere


Nuestro pequeño negociete. Qué maravilla. Por él deja de interesarme escribir blogs y sandeces. Nuestro negociete. Qué maravilla. Nos reunimos en casa de uno de nosotros, discutimos apresurados, generamos ideas y más trabajo y luego nos separamos en la noche. Sales pletórico y te pierdes por las callejuelas del barrio viejo con un chute de ilusión y quimeras. Nuestra conspiración contra el orden establecido. La venganza por venir. El futuro incierto que se divisa. Ya no vivo dentro de una puta novela, ahora vivo entre formularios, algunas galeradas y proyectos imposibles pero ciertos, esperando respuestas que provienen de Londres, París y Tel Aviv. Incertidumbres luminosas. Me pregunto cuándo llegará la realidad con sus bulldozers.

Foto: de la socia ea.

7.1.08

Lo inenarrable

Ligero como un colibrí me siento. Tanto mejor. Vuelvo a observar la vida no con alegría pero sí con un renacido interés, y todo gracias a una excelsa diatriba acerca del horror que leo en el trabajo. Es increíble, me digo. ¡Todo el día estoy sintiendo horror! ¡El horror fue mi compañero durante La cena más terrible del mundo! ¡Era él, lo era!

Otro elemento más para mi alegría; la causa de mis frustraciones presentes ha sido causa de muchas frustraciones precedentes: La descripción del horror. El horror es indescriptible, uno lo siente o no lo siente, pero es inenarrable. Y he aquí porqué Bolaño es superior a cualquiera; por aproximación, dando tumbos elípticos como un satélite, Bolaño se acerca al horror mediante el lenguaje como nadie. ¡Ese es su poder, su talento! ¡Describir una cosa imposible de describir! Ligero como un colibrí me siento.

Hace muchísimo tiempo, un amigo escribió que era imposible hablar de 2666. Lo escribó antes que yo, cuando ni siquiera lo conocía. Después yo usé exactamente la misma frase; es imposible hablar de 2666. Otro amigo me censuró y me dijo que al contrario, que 2666 es un generador de literatura y blablabla. Bueno, resulta que hoy he resuelto el enigma. La imposibilidad no se centra en una u otra obra literaria, la imposibilidad se llama Horror.

He resuelto mi penúltima crisis. Que pase, ahora, la siguiente. la que viene.

Gastos inútiles

En el episodio de hoy, la liberación toma forma de coche arañando la noche a toda velocidad, barriendo curvas con los faros mal calibrados.

Lo importante es conservar esa última playa que es el coche aparcado, el paquete de cigarrillos escondido en un lugar recóndito de la guantera, ese blog semiclandesino que abre de madrugada. Conservar todo eso equivale a morir de pie aunque la gente piense que vives de rodillas.

Por otra parte, sigo sin poder escribir nada digno en mi lengua materna. Tu estrella se apaga, nene. Música para tu entierro.


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Beck, The New Pollution
Odelay, 1994

2.1.08

La cena más terrible del mundo

La basura se acumula en la sala y en mi pensamiento. Confusión enorme, infernal. Aún no entiendo lo que sucedió, y no puedo adentrarme en recopilaciones y recuerdos; los anula algún mecanismo instintivo y átavico. Yo de ayer no recuerdo nada.

El ridículo y la humillación no se describen, se sienten en las carnes del damnificado. Solo supo escribir sobre ellos Graham Greene en una novelita de la cual resuena una gélida frase en la sala vacía; we are too litle to be humiliated, we are too litle to be humiliated. Así lo entiendo yo. Sin embargo, tú caes por el agujero del análisis paranoico de todos y cada uno de los detalles de esa noche, construyendo teorías de la conspiración y de choque de civilizaciones, cuando la verdad es que no hay culturas antagónicas ni hay nada; hay gente que no se entiende, hay soberbia y estupidez, hay buena y mala fe y espectativas desmesuradas, hay tragos y marihuana, ruido. Se adivina el fracaso.

En fin, yo olvido rápido las causas de la frustración y me sumerjo en la Nada y el Vacío hasta volverme loco y mudo. Tú, sin embargo, despliegas un universo analítico donde hay mil enemigos y una sola víctima, y hablas, hablas y te torturas y me torturas. La locura que te empeñas en compartir es una mierda. Basta: la del otro día sólo fue la cena más terrible del mundo, y ya está. Habrán otras. Buscar en la naturaleza de las personas es un ejercicio inútil, tanto o más que intentar describirla.

27.12.07

Otro Libro Inútil

Desparramados en el suelo, paquetes envueltos con papel de celofán. Ninguno de ellos lleva inscrito ningún nombre, pero al unísono gritamos que este pone Fulanito, este Menganito... Abro mi paquete sin ilusión, sin brío: sé que esconde el Mismo Libro Inútil de cada año.

En efecto. Sonrío y saludo con la cabeza a mi tío, el cual, desde que tengo uso de razón, me ha venido regalando el Mismo Libro Inútil año tras año. Sin embargo, este libro de recetas de cocina ya lo tengo. Exclamo oh, qué pena, ya tengo este libro de recetas. Mi tío entonces me quita el libro de las manos y se lo da a mi hermano, a quién ha regalado otro libro de recetas. Hacemos el intercambio. Mi tío se debe creer que es un genio. El año que viene le regalaré una cuchara de palo.

Maldigo en secreto y busco con la mirada alguna botella sobre la mesa.

20.12.07

Mis dealers






Ayer por la noche me pasaron un pitillo de costo, grifa, mierda, hachís. Voy fumado desde entonces, ¡y ya son las cinco de la tarde del día siguiente! Ummm. Ahora, a estas horas, vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero.

Esta mañana, por si fuera poco, mi colega me ha pasado un chivato de marihuana. Huelo las dulces fragancias que emanan de mi bolsillo. Vivo en estado de estupefacción y aletargamiento. Lento como una iguana bajo el sol. Un dinosaurio herbívoro. Tranquilo, manso, despreocupado, civilizado. Pajareo. Nada va conmigo. Camino por la ciudad y me entretengo mirando los edificios, sorprendido, admirado. Llego tarde a alguna parte, pero no pasa nada. Miro las mozas que pasan. Impulsos sexuales me recorren de repente, violentos y desbocados, lascivos. Tremendo polvo, si tú quisieras. Y a ti, y a tu amiga, y a la otra. ¡Ay, niñas!

Llego al trabajo sin ganas de compartir nada con nadie. Me excuso y digo que ayer salí y que arrastro una resaca negativa como un nubarrón cargado de electricidad, pero lo que llevo es un colocón feliz, extraño e íntimo. Diáfano. Un solo pitillo de costo, grifa, mierda, hachís, ayer por la noche, y aún me dura ahora el pelotazo. No me lo explico. Pero me alegro.

Mi jefa se acerca a mi puesto. Simulo trabajar y minimizo el blog. Me alarga un sobre que contiene una paga doble que no esperaba. Tanto mejor. Tengo que llamar a mi dealer.

Según la prensa los adolescentes se inician en el consumo de cocaína la noche de fin de año. Es cierto. Aún recuerdo ese vestuario, antes del concierto, los rayos de luna desapareciendo ordenandamente bajo nuestros tabiques nasales, la Energía Pura que nos invadía, el Gran Concierto, el Sexo hasta el amanecer, mi Enorme Miembro. Y Ella bailando sobre él. Enloquecida.

18.12.07

Axioma

Yo no leo por placer, sino por ambición.

14.12.07

Ejercicio

Una lengua de hormigón se adentra entre los edificios. Es una autopista elevada que desciende y se retuerce hasta converger con el cinturón de ronda de la ciudad, que es otra autopista urbana. Me gusta la lengua de hormigón, es de una modernidad de otra época, cuando el futuro era una quimera, cuando el futuro era silencioso, con coches aéreos circulando entre los bloques asépticos i tubos de teletransportación, y esas cosas.

En invierno la escena adquiere unas tonalidades ahogadas en la neblina y las partículas de ruido en suspensión. El ruido de una turbina constante, los latigazos de los coches al pasar. La lengua de hormigón se convierte entonces en un gigante desgastado y pálido que se ve engullido por la ciudad y espectorando automóviles sin cesar.

Los pilares que sotienen la vía son extraordinarios y mastodónticos y tristísimos. El vianante se siente nimio: observa anonadado la panza de la estructura, lo mira todo con ojos pequeños, siente el tonelaje sobre su mirada animal. Los hombres somos animales abandonados en la urbe. El hombre es un animal que espera ante un semáforo en rojo.

En el prematuro atardecer invernal, los focos iluminan la lengua de hormigón y la bañan de un color anaranjado. Todo es muy crepuscular, excepto las línias rectas de color blanco y rojo que trazan los automóbiles que se baten en retirada. Son relámpagos en la noche. Los focos lo dominan todo y tienen una forma muy singular, casi marciana... setas gigantes, con un tallo altísimo y corona majestuosa. No se mecen con el fuerte viento; se mantienen estáticos cumpliendo su misión. En cambio, los árboles del parque que quedan detrás se doblegan con esa majestuosidad que tienen las cosas vivas.

11.12.07


Por otro lado, creo haber descubierto la razón de mi desconcierto vital y no es más que la traducción a marchas forzadas de un manga, de lengua latina a otra. El protagonista del tebeo nipón es I., un monje bonzo, o zen, con una historia peculiar. Voy por el volumen número uno, que repasa su infancia y adolescencia loca. Luego parece que se vuelve aún más loco, pero más que loco se convierte en un hombre sabio y pordiosero que frecuentaba prostíbulos y bajos fondos. Caminaba con un cráneo humano entre sus manos. I. era un poeta y un anarquista zen. Su maestro le inculcó un desprecio mayúsculo a los Grandes Templos de monjes engreídos e hipócritas, así como unas interesantes teorías sobre la pureza del espíritu. Buscar la iluminación mediante la discriminación de lo puro y lo impuro es un error. Yo estoy plenamente de acuerdo con este discurso. La colisión y el desastre.

El proceso de traducción subyuga tu mente, te conviertes en autor mismo, sufres como él, te adentras en la historia de forma similar a la que pueda hacer el escritor en lengua original. Un proceso mental interesante pero aniquilador, además de silencioso. Ahora amo el silencio. Siempre que traduzco entro en depresión. Observo que camino solo. La soledad no es en absoluto desaconsejable, pero debes ser consciente de ella. Por ello este blog solitario se actualiza más que El Puto Blog Famoso. Ahora el otro me da igual. Ahora me paseo por hermitas roñosas zen y pensamientos orientales. Ommmmmmmmmmm.

Gringo loco

Leo un titular de la prensa mexicana sobre el penúltimo tiroteo en cualquier instituto norteamericano. Reza así; Gringo loco mata a otros ocho.

10.12.07

Sueño con el pueblo isleño de Eufórico, un chaval histriónico que conocí en un agujero de poetas, una noche de invierno. Nos enseña su masia de paredes gruesas y blancas, bañadas de cal viva. La casa tiene estancias que se hunden en el subsuelo. Son muy frescas y se parecen al comedor de mi antigua escuela. Una de las habitaciones es un cementerio romano. El caserío se fundó en el año 1000 a.C., eso dice Eufórico, y nos conduce aplaudiendo al exterior. Ahora paseamos por entre los antiguos olivares y detectamos el muro circular de un pozo de aguas freáticas. Un pozo de unas magnitudes sobresalientes, un perímetro considerable y una profundidad vertiginosa.

De repente mi hermano se sube al borde del pozo y practicando el salto del ángel se lanza al abismo del pozo. Veinticino o treinta metros de caida libre que Eufórico observa perplejo y horrorizado, más bien cabreado. Yo no sé qué pienso, o no pienso nada; me limito a mirar la caída de mi hermano con indiferencia. Pasa almenos un minuto y el agua del fondo se calma. Ha engullido a mi hermano con prodigiosa facilidad. Como era de esperar, mi hermano emerge a la superfície en silencio tranuilo y de pronto se encuentra ya a nuestro lado y Eufórico ya no es Eufórico sino Irascible y le da una monserga de improperios a mi hermano, que si está loco, que si no le importa morir, etcétera. Mi hermano pasa de todo y fuma.

Yo me lo miro sin mover un dedo, aunque luego me uno a la ira de Irascible, pero solo porque es mi deber como hermano mayor. Ahora son las ocho de la mañana y me levanto de la cama. Me levanto de mal humor y pensativo. Actúo como un autómata teledirigido.

La diferencia entre mi hermano y yo es que él es capaz de saltar al vacío, sin red alguna. Y yo no. Yo me lo miro todo con indiferencia.

La vida no es una puta novela. Las novelas son falsas y la vida es verdadera. Los actores que hacen de desgraciados no son desgraciados, sino que son actores normalmente bien pagados. Sentirse dentro de una novela es un grave equívoco, una patología mental.

Inacción y esperar la próxima página a ver si en ella se encuentra el fin del desasosiego. Esperar que las oportunidades vengan a mí para rechazarlas con un bostezo. La apatía, la objetividad y la distancia con que observo mi vida, las mil oportunidades perdidas que conforman mi currículum. Hola, soy tal y llevo perdidas mil oportunidades. Esperar sentado a que alguien pague el rescate que me autoimpuesto, cuando nadie quiere pagarlo, cuando nadie sabe siquiera que hay un precio fijado. Esto no puede ser de ninguna de las maneras.

No sé qué voy hacer con esta vida de mierda.

La vida no es una puta novela.

4.12.07

Las siete diferencias

Al leer según que basura de un par o tres de hijueputas, me placería tenerlos aquí mismo arrodillados, con la cabeza gacha. Y descargar mi ira sobre ellos, que el suelo se llenara de casquetes de bala humeantes y el aire de hedor a pólvora y sangre y mierda.

Releo estas líneas y me pregunto qué me separa a mí —un ser más o menos pacífico, civilizado— de un asesino en serie cruel y vengador, o de mis enemigos. No veo diferencias, la verdad.

***
Se me ha ocurrido escribirle una carta sin contenido al hijoputa miope, que acabaría así;

Siga con Salud, sea quin sea esa fulana.


3.12.07

El barbero

El otro día decidí ir al barbero, puesto que consideré que ya iba siendo hora de ir al barbero. Fui corriendo por la calle hasta encontrar el cachirulo de color azul, rojo y blanco que giraba y que me producía siempre una gran agitación y emoción. Parecía que el cachirulo quisiera dejar de estar clavado en la fachada del negocio para salir disparado hacia el espacio sideral. Después de observar el vano girar del cachirulo que anunciaba la barbería, entré. Buenos días. Buenos días. Me hicieron sentar en la silla dispuesta para los clientes, y me observé en el gran espejo que habían dispuesto para que la gente se mirara en él. Al cabo de cinco o diez minutos apareció un homosexual con un sofisticado corte de pelo y largas y risueñas pestañas y que quiso darme la mano. Le estreché la mano. Luego me rogó que me quitara las gafas, y el yo del espejo se convirtió de inmediato en una difuminada mancha de colores; color carne, color marrón, ojos de lagartija o araña. Mis límites desaparecían en el espejo.

No me pareció que el homosexual se hubiera sacado las gafas, es más, creo que para sus menesteres debía de llevar sus gafas bien amoldadas a su cráneo. Pero por lo pronto me metió un dedo en el ojo derecho no una sino dos veces. Pensé que el homosexual creía que mi ojo era mi ano, pero no puse ninguna objeción ni presenté ninguna queja, por decoro y por pasotismo. Cuando ya llevaba una parte de mi cráneo recortada, se acordó de preguntarme cómo quería mi corte de pelo. ¡Buena pregunta! Quiero un par o tres de agujeros en el occipital, y uno muy profundo en la zona frontal.

Accedió sin reparos a mis peticiones. El homosexual fue corriendo a buscar una caja de herramientas que se había dejado un electricista que quería ser degollado con una navaja de afeitar y de ella sacó un sacacorchos, un trépano y un cincel dentado. Yo estaba muy contento y él más. Sacó una botella de vino y hundió con destreza y gran talento el sacacorchos en el tapón. Plop. Bebimos unos tragos con cierta camaradería. Luego procedió a agujerearme el cráneo tal y como yo le había ordenado. Hizo unas buenas prospecciones. Luego puso sus dedos en mis cavidades cerebrales sin avisar -el muy viciosillo-y me hizo cosquillas en las ideas. Luego traté de insertar las barillas de mis gafas en los agujeros diseñados por el homosexual, consiguiéndolo con apenas esfuerzo.

Pagué los dieciséis euros a regañadientes, por considerarlos excesivos. El barbero de mi barrio me cortaba y agujereaba por una cantidad muy inferior, y además sin ser homosexual. El viejo de mi barrio escuchaba con fervor sunita la radio de los obispos mientras afilaba sus enseres y silbaba.

27.11.07

Prestige

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El verdadero triunfo, el prestigio propio, que decía Juan Benet, la verdadera y sublime gloria solitaria estribarían pues en no ser descubierto en el escondite, no ser reconocido. "¡La gloria nocturna de ser grande no siendo nada!"[...]

Vila-Matas, Exploradores del abismo.

Elementos eliminados

Notar que el teléfono está a punto de iluminarse; notar que vas a recibir un mail de aquí tres, dos, un segundo; sentir el agudo chirrío taladrando el nervio auditivo de tu oreja izquierda cuando alguien está pensando en ti. Imagino por un momento que me estalla la cabeza al notar los cientos de mensajes spam que noche tras noche se amontonan en la bandeja de mi correo.

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Por otro lado. Los chinitos subcontratados para redactar los mensajes tecnológicos. Las putas guatemaltecas que te miden el miembro y concluyen que lo tienes demasiado pequeño. Los inversores nigerianos que te invitan a participar en un negocio piramidal. Todos ellos forman ya parte de mí. Los amo a todos. Amigos invisibles y profesionales creados en base a combinaciones de palabras gustativas. Narradores anónimos de los tiempos hipermodernos, robots. Os amo a todos. Habitáis una urbanización fantasma y oscura, donde vuestros espíritus agotados reposan en la noche de algún remoto país abandonado e insignificante. Yo os saludo. Y os respeto.

22.11.07

304 visitas. Traición de agradecimiento


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Mala Rodríguez, Yo marco el minuto


Ahora mismo hay un tío que vive en Madrid que se pasea por mi ex-blog famoso. Entra y sale de él, cada dos o tres minutos. Me entretengo actualizando el contador y le presiento. Sé que es el mismo tipo o la misma tipa (me imagino a una tipa, en una habitación a oscuras, con la mirada iluminada por la luz interior del alma, que es mi blog, que es su pantalla). Qué busca en mi blog. Qué descubre, qué lee, qué escucha, quién es, cómo ha llegado hasta aquí, si me conoce personalmente, si le gusto, si le gusta cómo lo hago. Después actualizo el contador y no detecto movimiento. Silencio. Mi blog está en otra parte, en la parte oscura, en mente de nadie, pervive en una eclipse, en un olvido universal. La tipa ha pinchado en algún enlace y se ha perdido en otro laberinto de vidas y voces murmureantes o estridentes. Blogs quizás escritos desde Quito, Barcelona, Madrid, D.F., Caracas, Algemesí, Buenos Aires, Girona, Terrassa, donde otros bloggers estarán actualizando en este preciso momento sus contadores. Somos ratones que trabajamos de noche y observamos de día, desde un hueco en cualquier pared. Somos los putos ratoncitos Pérez de vuestras aburridas vidas.

20.11.07

En el pasillo subterráneo de la Muerte, esta noche. Andaba pensando en la conversación con M.S., dándole a la cabeza. Quizá podamos publicar un libro de poesia que pueda superar la barrera del silencio. P.S. es autor de unos pocos versos, pero de muchas cartas de letra indescifrable. Tal es así, que la familia se quiere encargar de contratar a un grafólogo. Libro de versos, con prólogo, epílogo y una selección de cartas. Puede dar el pego. Sombras grises pasan a mi lado, gente fea, horrible, en el pasillo de la Muerte.

De repente, una sombra levanta su paraguas y lo golpea con furia contra la viga de acero que tiene justo encima. Y repite, y lo vuelve a hacer, y más, y más. Yo sigo mi camino imperturbable, pocas cosas me sorprenden en el pasillo de la Muerte. Pienso en la ultraviolencia adolescente y aborrezco al género humano. Aborrezco sobretodo a las criaturas de meses, a los niños de doce años y a los imbéciles avanzados, los teen. Aborrezco, pues, el futuro. Aborrezco, entonces, mi pasado. Los eliminaría de un sablazo. Zas, eliminados, hijoputas inútiles.

Con sus cuadros podríamos montar un fotopoemario de los que hace E, medito sentado, esperando el metro que de aquí treinta segundos entrará en la estación.

En un vagón infestado consigo apoyar la mano en la barra metálica. Se desliza asquerosamente por ella. El tacto cálido del metal, sudores ajenos. Me imagino el paraguas golpeando la cabeza de un hombre, me imagino monstruos en la noche, linchamientos y horrores diversos. Bajo del metro. Llego a casa. No acaba de llover.

Se me ocurre, más tarde, una frase. Hay dos tipos de seres que escriben blogs, los que cultivan su ego, y los que lo hacemos en un simple afán masturbatorio. Eso es todo.

15.11.07

42 días en casa



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Crowling king Snake, The Doors
L.A. Woman, 1972



Los perros en el acto de defecar en la calle me llaman poderosamente la atención. Tras haber encontrado el lugar idóneo para su actividad, husmean un poco, flexionan las patas traseras, levantan el rabo, fijan un frágil equilibrio y construyen ensaimadas de mierda en las aceras. Miran a izquierda y derecha.

Creo ver en la expresión de sus ojos atisvos de pudor humano. Pero ellos, ajenos a cualquier pensamiento castrador, siguen cagando. Cuando veo a un perro defecar me paro en seco y hago que el peso de mi mirada recaiga sobre él para ver si descubro cualquier síntoma de culpa o de vergüenza en su expresión. Me detecta rápido, de forma instintiva y animal. Me mira con esos ojos acuosos reclamando la intimidad que no concedo, y entonces, con una metáfora, se encoge de hombros y sigue cagando en silencio. Yo admiro esa actitud en la vida. ¿No es hermosa? Quizá un perro cagando sea lo más estoico que podamos observar en nuestros tiempos.

Otro fenómeno es el de los dueños de los perros, cuando se agachan y recogen con un periódico las heces humeantes de sus animales. He ahí la distancia que separa al estoico del esclavo.

2.11.07

Otra vez. Diario

Desconecto el único cable que me unía a la popularidad de un blog ajeno. Popularidad... ¡Ja! Me río.

Insisto en la opción válida que es la huída. Dejar de dármelas de quién sabe qué, puesto que la premonición del fracaso futuro no me ha pasado inadvertida. ¡Dios! Podría alquilar mi techo en este puto país de ahora y vivir de la nada en Venezuela. La dictadura no me aterra. Que todo esto suene frívolo me da absolutamente igual. La dictadura, la democracia, qué más da. La libertad está en el cerebro, si es que está en algún lado, cosa de la que tengo serias dudas. Vivir en un país pseudosocialista... qué raro todo.

Con cuatro perras me compraría una hacienda colonial al lado de la central eléctrica perdida en la selva. Es una central reconvertida en museo de nada y de todo. Dicen que Garbo se inspiró en ese lugar para escribir una novelita. Retiro de artistas y bailarinas. Hay figuras de madera y colorines que te observan sonrientes, esculturas ennegrecidas al lado del río, árboles monumentales, olvido y silencio. Me bañaría desnudo cada mañana en la represa, las niñas me espiarían escondidas entre la maleza superlativa del lugar, me picarían los zancudos hasta que se cansaran de mi sangre europea, leería los libros de la biblioteca de la Central, libros que no me interesan en su mayoría, supongo, pero qué más me da. Olvidaría mi lengua, la cual, por otra parte, me da igual. Luego subiría la ladera para buscar a los chicos que venden una comida rara que envuelven com hojas de plátano. Bebería de su cerveza y su mataratas. Fumaría buenísima marihuana. Cagaría fino. En Venezuela se caga fino, olvídense del restreñimiento típico del viajero. Que alguien me haga un sobrero de paja. Vivir en el Absoluto Olvido.

Nada de esto se materializará. Pero me divierte pensarlo, me alívia, paso el rato.

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He pensado que nada de posts. Diario. Entradas a un diario. Eso, eso.


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Por qué carajo escribo todo esto en castellano es para mí un misterio irresoluto. No lo entiendo.


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El problema es que te has convertido en algo que no intuías, uno que quiere ser escritor. Reconócelo, imbécil, quieres ser escritor. ¡Ja! Sabes escribir y tienes suficiente odio en la sangre como para desparramarlo por ahí. El problema subyace en estas enfermizas ansias de enseñar tus cosas a los demás. ¿En busca de qué? ¿De reconocimiento, acaso? No. Necesitas brújulas, palmaditas hipócritas en la espalda. A la mierda las brújulas. Cae sin remisión, nene. Te vas a enterar.


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Hay algo inquietante en todo esto. ¿Mis jefes saben que invierto mi tiempo de trabajo en algo tan soez como es este diario? Yo creo que a lo mejor sí. Entonces, ¿por qué no me echan? Entonces creo que no.

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Me imagio que por casualidad algún lector lee estas líneas. Y que las comenta. De hecho, se me ocurren dos situaciones distintas.

La primera, el lector, emocionado, escribe un comentario proclamando su admiración a secas, sin pedir nada a cambio. Bueno, pues mi respuesta sería que se olvidara de mí, que no me moleste, que su opinión me interesa Nada, menos que Nada, que se ocupe de sus asuntos, puesto que yo trato de conseguir un imposible, la desaparición en una pecera de cristal transparente donde todo el mundo te puede observar. Que soy como un puto mono del zoo que quiere masturbarse en su intimidad, que abra su puto blog y que me deje en paz.

La segunda posibilidad, más que plausible es que alguien no lea nada y me comente y mienta sobre mi infinita calidad literaria para luego invitarme a comentarle en idéntico sentido en su blog. Mi respuesta sería un silencio de mausuleo, una apoteosis de ninguneo.

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JUEVES 8

¡Vaya! Recibo una carta de P, que agradezco. El problema, vamos a ser claros, es que dispongo de una herramienta, la escritura, que se descubre inútil puesto que la literatura se compone de historias y argumentos, cosas que contar, tiempo para perder. Soy el mono que juega con la tibia y aún no ha descubierto el monolito. Éste. Puede que se pase la vida reduciendo huesos a polvo.



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El otro día, quizá venga a cuento en esta historia, hablo con dos individuos. Uno de ellos es pulcro, culto, inteligente y exigente, amo de sus silencios. Es poeta, escribe poesía. El otro es un amanerado, lacio y relamido licenciado en literatura comparada, y resulta ser un exibicionista que derrocha tecnicismos y nombres de pensadores y filósofos y poetas y conceptos harto rebuscados; que si analogías, que si heptasílabos, que si... Es un enorme coñazo. Hace bromas que no son bromas si no te has tirado cinco años estudiando y comparando cosas. Es un enorme coñazo.

Yo creo que personas como este último tipo necesitan de alguna manera sobresalir a base de ahogar la creatividad y la diversión bajo el agua calma y podrida del Saber académico, anorrear al interlocutor, que todos pensemos ¡coño, qué sabio!, cuando lo único que tenemos en mente es el momento adecuado para perpetrar un enorme y monumental bostezo.

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Pero yo a lo mío. Creo que es una buena idea esto del diario, o post único e infinito. De este modo, por ejemplo, puedo burlar el dictatorial control de los bloglines. Algún que otro lector enemigo los debe usar. Me lo imagino en su casa y pensando alegremente que este blog ha desaparecido en el espacio sideral de la Red. La pérdida de un blog, ¡qué poca cosa! Pero no, me limito a dejarme caer por el abismo. Imaginariamente, por supuesto, como buen cobarde.

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Me siento bien. ¡Tanto mejor!

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16 de nov

Bueno, ya he escrito otro post. Eso quiere decir que a partir de ahora este blog seguirá un viaje vertical. Hacia arriba, y hacia abajo.



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...hacia abajo, ¡qué retroceso! El pasado. Quizás hable de las mujeres que nunca he tenido.

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29 de nov

Lo admito; me desagrada el poco éxito, nulo éxito, del relato de la puta que va a una feria de libros. Un comentario por e-mail amistoso de un amigo y punto. Cero comentarios en la entrada que anunciaba el relato. Decepción. y rabia; qué podredumbre la mía; ¡¡y qué esperabas!!

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Tos, tos como uñas largas arañando mi sistema respiratorio. No puedo fumar. Creo que estoy jodido.

Balance

De la conversación de ayer extraigo que mi proyecto es el fracaso. A tal conclusión llegarán otros escritores, muchos más distribuidores y los queridos y futuros no-lectores, que de diversas e indoloras maneras, con suavidad y cariño, se encargarán de exponerme.

Conduzco en la noche. Uír de la sensación de ridículo no es posible, pero aprieto el acelerador como si lo fuera. Por suerte conozco la puerta de salida que mil aventureros y delincuentes han tomado: Venezuela, el país de los piratas y de los desaparecidos. País magnífico para el hundimiento solitario.

Vender arepas, vender jugos de frutas, restar en la playa, no leer nada, acariciar un revólver en tu regazo.

25.10.07

No entregable

Hay momentos en que todo parece ir mal, y en efecto, todo va mal. Entonces ves el papel exacto que juega tu vida en todo el percal, tu nadería, tu insignificancia. Las pocas fuerzas que te quedan se te van tecleando en un maldito teclado qwerty.

Ensoñación.

18.10.07

El negro de Frankfurt

Durante la cena tuve una revelación, una intuición terrible. Un vacío cósmico. A ver cómo lo explico.

Imaginen un boer holandés caminando elegantemente por una selva de Botswana. Delante suyo un pedazo de negro enorme abre a machetazos un camino entre la inmensidad. De repente se encuentran a un despreocupado pigmeo sentado de cu