Desconecto el único cable que me unía a la popularidad de un blog ajeno. Popularidad... ¡Ja! Me río.
Insisto en la opción válida que es la huída. Dejar de dármelas de quién sabe qué, puesto que la premonición del fracaso futuro no me ha pasado inadvertida. ¡Dios! Podría alquilar mi techo en este puto país de ahora y vivir de la nada en Venezuela. La dictadura no me aterra. Que todo esto suene frívolo me da absolutamente igual. La dictadura, la democracia, qué más da. La libertad está en el cerebro, si es que está en algún lado, cosa de la que tengo serias dudas. Vivir en un país pseudosocialista... qué raro todo.
Con cuatro perras me compraría una hacienda colonial al lado de la central eléctrica perdida en la selva. Es una central reconvertida en museo de nada y de todo. Dicen que Garbo se inspiró en ese lugar para escribir una novelita. Retiro de artistas y bailarinas. Hay figuras de madera y colorines que te observan sonrientes, esculturas ennegrecidas al lado del río, árboles monumentales, olvido y silencio. Me bañaría desnudo cada mañana en la represa, las niñas me espiarían escondidas entre la maleza superlativa del lugar, me picarían los zancudos hasta que se cansaran de mi sangre europea, leería los libros de la biblioteca de la Central, libros que no me interesan en su mayoría, supongo, pero qué más me da. Olvidaría mi lengua, la cual, por otra parte, me da igual. Luego subiría la ladera para buscar a los chicos que venden una comida rara que envuelven com hojas de plátano. Bebería de su cerveza y su mataratas. Fumaría buenísima marihuana. Cagaría fino. En Venezuela se caga fino, olvídense del restreñimiento típico del viajero. Que alguien me haga un sobrero de paja. Vivir en el Absoluto Olvido.
Nada de esto se materializará. Pero me divierte pensarlo, me alívia, paso el rato.
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He pensado que nada de posts. Diario. Entradas a un diario. Eso, eso.
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Por qué carajo escribo todo esto en castellano es para mí un misterio irresoluto. No lo entiendo.
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El problema es que te has convertido en algo que no intuías, uno que quiere ser escritor. Reconócelo, imbécil, quieres ser escritor. ¡Ja! Sabes escribir y tienes suficiente odio en la sangre como para desparramarlo por ahí. El problema subyace en estas enfermizas ansias de enseñar tus cosas a los demás. ¿En busca de qué? ¿De reconocimiento, acaso? No. Necesitas brújulas, palmaditas hipócritas en la espalda. A la mierda las brújulas. Cae sin remisión, nene. Te vas a enterar.
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Hay algo inquietante en todo esto. ¿Mis jefes saben que invierto mi tiempo de trabajo en algo tan soez como es este diario? Yo creo que a lo mejor sí. Entonces, ¿por qué no me echan? Entonces creo que no.
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Me imagio que por casualidad algún lector lee estas líneas. Y que las comenta. De hecho, se me ocurren dos situaciones distintas.
La primera, el lector, emocionado, escribe un comentario proclamando su admiración a secas, sin pedir nada a cambio. Bueno, pues mi respuesta sería que se olvidara de mí, que no me moleste, que su opinión me interesa Nada, menos que Nada, que se ocupe de sus asuntos, puesto que yo trato de conseguir un imposible, la desaparición en una pecera de cristal transparente donde todo el mundo te puede observar. Que soy como un puto mono del zoo que quiere masturbarse en su intimidad, que abra su puto blog y que me deje en paz.
La segunda posibilidad, más que plausible es que alguien no lea nada y me comente y mienta sobre mi infinita calidad literaria para luego invitarme a comentarle en idéntico sentido en su blog. Mi respuesta sería un silencio de mausuleo, una apoteosis de ninguneo.
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JUEVES 8
¡Vaya! Recibo una carta de P, que agradezco. El problema, vamos a ser claros, es que dispongo de una herramienta, la escritura, que se descubre inútil puesto que la literatura se compone de historias y argumentos, cosas que contar, tiempo para perder. Soy el mono que juega con la tibia y aún no ha descubierto el monolito. Éste. Puede que se pase la vida reduciendo huesos a polvo.
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El otro día, quizá venga a cuento en esta historia, hablo con dos individuos. Uno de ellos es pulcro, culto, inteligente y exigente, amo de sus silencios. Es poeta, escribe poesía. El otro es un amanerado, lacio y relamido licenciado en literatura comparada, y resulta ser un exibicionista que derrocha tecnicismos y nombres de pensadores y filósofos y poetas y conceptos harto rebuscados; que si analogías, que si heptasílabos, que si... Es un enorme coñazo. Hace bromas que no son bromas si no te has tirado cinco años estudiando y comparando cosas. Es un enorme coñazo.
Yo creo que personas como este último tipo necesitan de alguna manera sobresalir a base de ahogar la creatividad y la diversión bajo el agua calma y podrida del Saber académico, anorrear al interlocutor, que todos pensemos ¡coño, qué sabio!, cuando lo único que tenemos en mente es el momento adecuado para perpetrar un enorme y monumental bostezo.
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Pero yo a lo mío. Creo que es una buena idea esto del diario, o post único e infinito. De este modo, por ejemplo, puedo burlar el dictatorial control de los bloglines. Algún que otro lector enemigo los debe usar. Me lo imagino en su casa y pensando alegremente que este blog ha desaparecido en el espacio sideral de la Red. La pérdida de un blog, ¡qué poca cosa! Pero no, me limito a dejarme caer por el abismo. Imaginariamente, por supuesto, como buen cobarde.
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Me siento bien. ¡Tanto mejor!
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16 de nov
Bueno, ya he escrito otro post. Eso quiere decir que a partir de ahora este blog seguirá un viaje vertical. Hacia arriba, y hacia abajo.
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...hacia abajo, ¡qué retroceso! El pasado. Quizás hable de las mujeres que nunca he tenido.
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29 de nov
Lo admito; me desagrada el poco éxito, nulo éxito, del relato de la puta que va a una feria de libros. Un comentario por e-mail amistoso de un amigo y punto. Cero comentarios en la entrada que anunciaba el relato. Decepción. y rabia; qué podredumbre la mía; ¡¡y qué esperabas!!
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Tos, tos como uñas largas arañando mi sistema respiratorio. No puedo fumar. Creo que estoy jodido.